Enrique Morente. ¡No hay final, Maestro!

Nos hemos quedado un poco más huérfanos, hemos perdido el aliento, la vitalidad, la energía y el torrente creador de un genio, un grande, de estos que nos inspiran y que Enrique Morente, uno de ellos, nos ha recordado con su riesgo y su fundamento, la raíz, la suya, la del flamenco clásico, su escuela más firme e irremplazable.

Morente es un alma creadora y su obra seguirá viva como legado de arte grande, la herencia que deja al flamenco. “Uno cambia de un año a otro”, “me aburre cantar siempre igual” eran formas sencillas, las que Enrique genio siempre ha utilizado desde la humildad y la generosidad para expresar su compromiso, su espíritu inquieto de gran creador que le hacía imaginar y cantar lo nuevo, recrear lo conocido desde la profunda convicción de que así cantaba más flamenco, de que este era su oficio y no hay nadie más entregado que él, tampoco he conocido artista menos complaciente.

Picasso, Lorca, arte, letra y flamenco. Enrique es un grande de la historia del arte y de la creación universal porque el flamenco es un arte universal y él ha sido su exponente planetario en dimensión y en calidad. Llevar la poesía al jondo, el rock al compás, el flamenco a Misa, la clásica al cante, el quejío a las montañas del Rif es un reto infinito, el que muestra la trayectoria de un Maestro del Cante, del mayor experimentador del flamenco responsable de llevarlo hasta la Alta Cultura, con su genio y su elegancia, con su voz y su sabiduría.

Pudimos vivir la espiral arrolladora de Omega en 1996 y presenciamos a lo más grande del flamenco escuchar atentos la ideología del Maestro para llevar esta obra al directo. Lagartija Nick, Antonio Arias, Eric Jiménez (mi brother),Tomatito, Montoyita, Vicente Amigo, Cañizares, David Cerrezuela, Piraña, Paquete, Antonio Carbonell, el Tío Angel, el Negri, Chacalera, el Maestro y amigo Juan Verdú, Rafa Bermúdez (gracias, tío), Lluis Cabrera, los amigos de Sorter (Gerson siempre dispuesto) y Berenice compartimos una Navidades nevadas de aquél año en los entonces estudios Ovideo (hoy el centro CATA de la SGAE) para arrancar los ensayos del espectáculo Omega, el directo de una transgresión con raíces en cada nota y en cada toma. Todos los elementos del espectáculo eran guiados por Morente y nosotros, todos, descubríamos por momentos que estábamos inmersos en un viaje sin retorno, en una obra histórica. Seguimos la guía de Enrique Morente a cada paso y con compañeros de viaje como Borja Casani y Sabine Ecomard (responsables de la grabación y edición de Omega) descubrimos el riesgo, del que ya no nos hemos podido desenganchar.

Una charla en la cafetería del Círculo de Bellas Artes (esa noche acabamos en el Candela como tantas otras) y Enrique me dijo “vamos palante” para afrontar juntos la aventura del estreno del Heineken Greenspace de Valencia (gracias Juan Casero, gracias Javier Liñán) compartiendo escenario y encuentro con Sonic Youth a quienes llegamos de la mano de su promotor y amigo, Robert Grima y de su manager Carlos van Hillfte. Nos vimos en el Primavera Sound de Barcelona (Enrique y los Sonic actuaron la misma noche en escenarios distintos) y nos emplazamos a ensayar en la Cité des Sciences la Villette de París el día de antes de su espectáculo en las naves de Juan Verdeguer. La noche (siempre la noche) del 28 de Octubre de 2005 vivimos los 13 minutos más intensos sobre las tablas de un escenario, en el alambre, con Josele dejándose los dedos en su guitarra “enchufá” y los Sonic Youth poniendo sus guitarras como “colchón” al cante del Maestro.

En 2008, Enrique ya es propietario del master de Omega y decide digitalizarlo (una vez más innovando) y con motivo de www.morenteomega.com , con la ayuda de Curro Conde y Bandolero, la selección de Lagartija Nick con Eric en casa, el cuadro flamenco de la familia Morente-Carbonell, las guitarras de David y Paquete y la incorporación de Enrique Morente hijo y Popo, la figura más cool del baile flamenco, nos ponemos en carretera. Se subieron al carro de esta obra rabiosamente actual los promotores de destacados festivales, Pacho en México, Miguel Morán en Benicàssim donde Enrique junto a la mesa de monitores vio cantar Allelujah a Leonard Cohen (justo antes de nuestro momento) gracias al buen gusto y la insistencia en programarlos en una misma noche de Miguel Morán, en el Primavera, en el Día de la Música Heineken (la Riviera 11 años después), en la Mar de Músicas, en Alcalá de Guadaira… Amelia Castilla lo vio y se lanzó en primicia, y Prado Arenas y David G. Natal se encargaron de contarlo a todo el mundo en las redes y en las almas.

Y de ahí, de esta fuente inspiradora hemos bebido muchos, aficionados y trabajadores, los que hemos tenido el lujo de “echar una peoná” con él, descubriendo el arte de la improvisación y la concepción artística de un genio, el arte integral, compartiendo su alegría, su exquisito y agudo sentido del humor, su empuje, su arrolladora personalidad y sencillez, su generosidad y su valiosa amistad.

Morente participaba en todo el proceso de un espectáculo, desde el repertorio (nunca lo repetía de una actuación a otra) y el elenco hasta la escenografía, la iluminación, los pasos del concierto, el cuidado de los tiempos para cada cosa, el protocolo, ahora el baile, ahora el rock, siempre el compás… Arrancamos con el Martinete, la expresión más racial y conmovedora en la que se forma un círculo arropando al grande desde el que vimos cantar por primera vez (fuera del canto en familia) a Quiqui, el heredero de Morente. Como vimos también subirse al coro por primera vez a Estrella en Omega y bailar a Aurora y Soleá, su familia, la nuestra.

Morente forma parte de nuestra vida y es base de nuestra experiencia profesional y de nuestro espíritu y vocación por la música. Hasta siempre, Maestro.

Nos unimos en el dolor a su familia y esperamos que el espíritu de Enrique les ayude, nos anime a todos, a “tirar palante” como él hubiera querido.

Enrique Calabuig y todo el equipo de Music2day y Actúa Comunicación
14 de Diciembre de 2010